16.10.06

Los indigentes.

¡Gilipollas!
Eso al menos me pareció oír a voces desde una calle cercana cuando pasaba –a pie, como siempre, por ahorrar- de regreso de mis clases matutinas desde el Colegio malagueño en que trabajaba.
Me desvié, con obvia curiosidad ante tan extraña palabra pregonada más que insultada, y encontré a un astroso personaje que ofrecía higos chumbos y... “shirimoyah”. Las chirimoyas correspondientes a tan extraño sonido como parecía entender con mis exquisitos oídos madrileños tenían una innoble y negruzca apariencia, pero los higos chumbos –que nunca había tomado antes- me parecieron atractivos.
“Lah shirimoyah, zabuzté, eztanalgopazadah” –me explicó amablemente. Se las habían dado en el mercado de las que retiraban al final de la jornada, pero los higos chumbos los había cogido él mismo por el campo. Al ver la ignorancia con que iba a tomar un higo chumbo con la mano desnuda me detuvo presuroso y me enseñó a tomarlos con un papel de estraza y a pelarlos con precaución si no quería pasarme la tarde sacándome espinas de los dedos con aceite. Y es que él no quería pedir por nada sino dar algo a cambio de lo que necesitaba para ir tirando.
Los mendigos de verdad son una institución –me ilustró Eduardo (compañero profesor de Física en el Colegio que siempre me agradecía que le preparara el laboratorio porque tenía tal miedo a la electricidad que, según decía, llamaba a un electricista para que le cambiara las bombillas de casa): comienzan en una esquina humilde y acaban conquistando toda la acera como quien establece un comercio.
No he dejado nunca de reparar en ello. Y no hablo ya de dignísimos personajes que derrochan arte por placer en las calles de todas las grandes ciudades (¡Ya quisieran muchos personajes de renombre alcanzar las cotas de virtuosismo que he admirado en artistas venidos a menos en cualquier ciudad por la que he paseado!) sino de indigentes ascendidos en el escalafón por la llegada masiva de inmigrantes sin cualificar en la triste profesión de los Sin Techo.
Aquí, como muestra, tres de ellos:

1) Sentado siempre en el mismo trozo de suelo, no hace alarde de sufrimiento ni miseria sino que, pulcra y humildemente ataviado con parecida vestimenta diaria, coloca a su lado un bote indiferente para recoger limosnas que no se rebaja a pedir. Se limita –como diciendo que ese es el sitio que la vida avara le ha asignado- a hacer crucigramas y resolver pasatiempos en arrugadas revistas que va depositando a su lado a lo largo de su solitaria y marginal jornada.


2) Llega puntualmente cinco minutos antes de que abran el supermercado. Aseado y servicial toma prestada la banqueta del fotomatón de al lado, compra un boleto de lotería al ciego con quien comparte territorio, saca un nuevo libro cada día y se dedica a leer con fruición mientras está pendiente de ayudar a llevar los carritos de la compra hasta los coches de quienes se lo solicitan y que siempre le dejan la moneda al volver a colocarlos en su sitio.


3) Es sincero y no niega su vicio: “Necesito comer y además beber vino. Compadézcase de mí”- pregona en un deslucido cartel. A quien quiere explicaciones se lo explica: “Si Usted quiere beber vino no tiene que justificarse. Yo, desgraciadamente, sí”

Lejos de mí presentarlos como una institución que hay que conservar. Ojalá algún día dejen de ocupar su puesto. Pero, mientras las circunstancias desgraciadas o su libre elección les obliguen a ello quizás haya que agradecer a algunos que nos muestren -además de su mano tendida, de su triste necesidad y su servicialidad- la firme dignidad a la que nunca renunciaron.

18 Comments:

Blogger Insanity said...

Lunes...
Un texto divino (parte sublime de lo humano-yo me entiendo).
Gracias. Un abrazo.

..." quizás haya que agradecer a algunos que nos muestren -además de su mano tendida, de su triste necesidad y su servicialidad- la firme dignidad a la que nunca renunciaron."

In.

16/10/06 6:45 a. m.  
Blogger Fuego Fatuo said...

Se te olvida un cuarto tipo de individuo, en este caso individua, hacia la cual por mi parte, en este caso, no guardo demasiada simpatía.
La mujer del este que pide limosna, niño en mano.
Me abarcan diversas dudas, al margen de estar sujeta a posibles mafias, lo cual es muy probable, no dejo de preguntarme si muchas no serán simplemente las canguros de esos niños.
En cualquier caso, no creo que un niño, en ocasiones un recién nacido, pueda estar horas en la calle, incluso en pleno invierno.

16/10/06 9:51 a. m.  
Blogger María Manuela said...

Gracias por estas reflexiones...
Es difícil no caer en la tentación de medir a todos los indigentes con el mismo rasero.
Tienes razón, a los mimos, cantantes, pintores y demás no les considero pedigüeños, más bien son artistas que buscan otra manera de ganarse la vida fuera de los circuitos oficiales...
Hay últimamente un repertorio variopinto de pobres, el señor de mediana edad que fue ejecutivo de una gran empresa y de golpe se vio en la calle sin nada y sin ser capaz de encontrar otra opción, el borrachín que pide para beber (alguno es sincero y no se corta, ¡qué cosas ves!), los gorrillas aparcacoches, algún inválido que nos enseña sus muñones y deformidades, las mujeres con niños, sean de donde sean...
Todos ellos nos producen un íntimo rechazo acompañado de sentimiento de culpa. Nos sentimos culpables porque tenemos una casa y comida que llevarnos a la boca, nos permitimos caprichitos de vez en cuando y sí tenemos derecho a beber vino o cerveza porque tenemos dinero para comparlos.
Casi ninguno creo que elija voluntariamente vivir debajo de un puente, seguramente todos preferirían tener una vida más cómoda, documentación legal, leyes que protegieran a los menores y servicios sociales que les dieran todo lo que les falta...
Darles o no darles sólo es cuestión de instinto mezclado con generosidad cuando toca, y de no dejarse caer en el chantaje emocional cuando no toca.
Por lamentar, lamento que en una sociedad avanzada, sea por los motivos que sea, alguien esté excluido.

16/10/06 10:28 a. m.  
Anonymous Fernando said...

Lo único que se puede defender del oficio de pedir es la dignidad, en el mundo moderno en el que la rapidez y la picaresca nos asaltan es difícil discernir sobre esas sombras que en el camino te encuentras -varadas o al acecho- para darles un apoyo o que te den un sablazo (por el engaño recibido)...creo que hay esta la pregunta, lo primero me parece bien, lo segundo...un fuerte abrazo

16/10/06 11:45 a. m.  
Blogger dulcinea said...

Muy buena reflexión para este lunes en que me hallo un poco "desahuciada".

Gracias, pensaremos en ello.

....además de su manos tendida, de su triste necesidad....la firme dignidad a la que nunca renunciaron.

Un saludo.

16/10/06 12:23 p. m.  
Blogger mamen somar said...

Para mí la dignidad no tiene nada que ver con el status social.
Hay quien confunde la dignidad con el ego, la fama o el dinero y no, no tiene nada que ver...
También hay que decir que hay más tipos de indigencia, tantos como miserias personales.
Siempre un placer pasar por aquí y revolver las ideas con tus letras, Ybris.
Un abrazo.
Mamen

16/10/06 12:54 p. m.  
Blogger -Pato- said...

Qué tema éste que has tocado!

Mas allá de tu relato que se agradece siempre, me has dejado pensando en tanta gente que veo a diario ejerciendo de "indigente" que la verdad, hay algunos lugares de la ciudad donde ya no caben.

Besos.

16/10/06 3:30 p. m.  
Blogger Luis said...

Una vez uno me devolvió las monedas que le dí porque le parecieron insuficientes. Le dije, bastante indignado, que si todo el mundo que pasará delante de él le diera lo que yo, sería rico. Ya no he vuelto a dar nada más. Quizás es algo tajante. Sin embargo sigo dando lo que llevo suelto a músicos o gente que se esfuerza por ofrecer algo con una gran dignidad.
Un abrazo

16/10/06 6:08 p. m.  
Blogger thirthe said...

no sé, Ybris, me gusta tu texto, pero creo que esa firme dignidad a la que te refieres sí que se vieron privada de ella en algún momento. Y que tuvieron que aprender a recuperarla para vivir. Es que hace falta tener un paraguas de dignidad bien grande encima para exponerte de ese modo a la intemperie.

16/10/06 8:17 p. m.  
Anonymous ipathia said...

Me duele la mendicidad pues me angustia la miseria y creo que solucionarla pasa por las manos de los gobiernos, pero esa especie de conciencia que me pincha a veces hace que eche la mano al bolsillo y ayude a mantener ese "pan para hoy, hambre para mañana"... si, ya lo sé. En cuanto a las mujeres que se acompañan de niños embutidos en ropas al estilo "momia", paso de largo, y si puedo, aviso al urbano.

16/10/06 8:26 p. m.  
Anonymous Luisa said...

Tu relato, espléndido. El tema es quisquilloso. Como en todas las boticas hay de todo. Pero por principio prefiero que la dignidad se ejerza de otra manera. Y no porque la gente que pide me parezca indigna, aunque algunas de las formas en que se hace sí que me lo parecen.
De todas maneras, los tres tipos-instituciones que has mentado son efectivamente arquetipos ante los que hay poco que objetar. Y sobre lo demás... es imposible devanar toda la madeja... Un beso.

16/10/06 11:26 p. m.  
Anonymous Makkkafu said...

Me gustó el post, me removió un poquillo por dentro, me acordé de la maravillosa película de Buñuel "Los miserables".

C.A. Makkkafu.

17/10/06 9:22 a. m.  
Blogger Susy said...

Cierto, pero hay de todo.
En el hiper de cerca de casa, de toda la vida, hay el mismo señor pidiendo a la entrada y la salida, fijo. El mismo. En vacaciones deja a un señor rumano.
Bien, a ese hombre, por azares de la vida, le veo casi cada mañana venir desde su barrio, dándose un paseito y no parece el mismo.
En una ocasión le pregunté por que de su ausencia durante todo un mes y me dijo que se había comprado otro piso y lo habia estado pintando.

Que conste que me alegro eh? y sigo dándole la cuota de años y años, incrementando el IPC.
Pero no es lo mismo 8 que 80 ni es oro todo lo que reluce y al contrario.

Eso sí, saber, sabe el hombre latín.
En fin, que a veces matamos la mala conciencia alimentando fiascos.

Un beso.

17/10/06 4:09 p. m.  
Blogger libertad said...

...Es posible querido Ybris que sea como tú dices. Sí, incluso porque existe la excepción como en todos las normas confirmadas de algún que otro oportunista.
Un beso

17/10/06 6:00 p. m.  
Blogger manuel_h said...

y ahora tienen aquí su pequeño texto dedicado: una fantástica fotografía de cada uno de ellos.

un abrazo

18/10/06 1:16 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

durante años nos acompañó un señor en las escaleras de la parada de metro de poblenou. incluso cuando estaba con amigos míos de asturias, me preguntaban por él: ¿"todavía está allí?" siempre tenía en el suelo un retablo de cosas, entre insignificantes e importantes -para él, para alguien-, no sé si en venta, porque nunca vi que nadie le comprara nada. aquella era su casa, y ya hace meses, incluso años, que la ha abandonado. que nos ha abandonado.

fantástico,ybris.
un abrazo,

sergi

18/10/06 9:12 p. m.  
Anonymous mnez said...

Coincido contigo. El mendigo - en el buen sentido de la palabra - siempre anda apoyado en el báculo de su dignidad. Quizás porque es lo único que la vida no le ha podido quitar.

20/10/06 6:39 p. m.  
Blogger Simplemente Olimpia. said...

Si tú viste dignidad es que la hubo, incluso que aún la sostengan..por que a veces pesa más la dignidad que el cartel que anuncia su pobreza.
La dignidad a veces y casi siempre nunca corresponde...por eso nunca he querido atesorarla ni corresponderla.

Éste es el típico tema que me dejas sin poder pronunciarme al respecto....como me gustaría.

Olimpia.

1/10/08 11:42 p. m.  

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