11.9.06

Lo siento. Es tan triste como cierto

El martes, cinco de septiembre, le amputaron una pierna. Poco a poco la diabetes iba completando su camino inexorable. Bajo esa impresión escribía en mi silencio:

“ ...Ves a algunos morir como de golpe
con el mismo portazo con que se marcharon.
A otros, sin embargo, se los llevan a trozos
con la marcha lentísima de nuestro propio ocaso...”

Entonces sonó el móvil como un estruendo en la paz de la noche ya vencida. Instintivamente miro la hora. Las cinco. En una fracción de segundo me vienen a la mente las desgracias capaces de compartirse a esas horas. Pero la realidad es otra. Una voz ronca, sin fuerzas casi, atruena mis oídos: “Tengo miedo”...

La conozco desde hace treinta años. Como compañera de trabajo compartí con ella los afanes de las clases en el Colegio, los avatares de su amor por otro buen amigo y compañero que acabó en boda, el nacimiento de su hijo, su temprana viudez por culpa de un malhadado tumor, sus problemas con el hijo rebelde, el padre ciego y la hermana esquizofrénica, su falta de otra familia cercana y el progreso de su mal cuidada diabetes.
Siempre había sido reservada, dura con esa dureza de las personas hechas a sí mismas a golpe de esfuerzo. Pero la larga enfermedad del marido y compañero nos unió con los extraños lazos de los que sin mostrar afecto hablan de la vida como de un destino indiscutible que no se conquista sino que se acepta.

Sé que el enorme hospital nos deja solos, pero terrible debía ser la soledad de la madrugada para que quien, tras tantos años de convivencia, lo más afectuoso que me había dicho era “gracias” cuando la suplía en su agotamiento por las noches al lado de su marido moribundo, se viera en la necesidad de decir a alguien a las cinco de la mañana que tenía miedo.

Busqué palabras de calor y compañía desde la enorme distancia a que queda la vida de la muerte. Internamente una palabra me hurgaba las entrañas :”Voy” . Era la que tenía que haber dicho, pero no la dije. En su lugar se impuso la de la comodidad y de la espera :”Iré dentro de tres horas” a sabiendas de lo que habrían de suponer tres horas con el miedo en las entrañas.

A las ocho tomé el autobús y a las nueve menos cuarto estaba a su lado. Le tomé la mano y le dije: “¿Cómo estás”. Y ella, con voz prácticamente ininteligible desde su ronquera:”Mal. Me duele todo. ¿Podrías ponerme las dos piernas a la misma altura?”. Con negro humor le contesto. “Pues no sé a que altura habrán puesto la que te han cortado” . Ella, que me conoce, esboza una triste sonrisa y cambia el tema por otro aún más triste: “Si me he de morir, ¿por qué no ahora?”. Y yo: “Quizás aún tu hijo te necesite algún tiempo más”. Ella no sabe llorar, pero yo sé que por dentro está llorando sin lágrimas: “Ayudadle cuando yo falte para que no se sienta demasiado solo”...

Imposible aquí encontrar palabras de verdad. Así que tomo las de mentira: “No te preocupes demasiado por él. Levantará cabeza y sabrá seguir.” Pero los dos sabemos todo: El hijo – a sus veintiún años- seguirá negándose a buscar trabajo o a seguir los estudios que dejó desde que le echaron del Instituto en tercero de Secundaria por falta de asistencia , a dejar de gastarse toda la pensión de orfandad que aún percibe en el Ciberclub y en todos los caprichos. El hijo seguirá sin dar un paso que no sea en taxi y aparecerá quizás por el Hospital para decir que se tiene que ir a toda prisa. El hijo... Ninguno de los dos sabemos en realidad cómo reaccionará el hijo cuando al fin se quede solo en un plazo que los dos sabemos –sin decirlo- breve.

¿Para qué seguir contando? El viernes comienza a sangrar por una úlcera abierta en el estómago... Desde la Sierra llamo al móvil del hijo el sábado y el domingo. Me dice que parece ser que ya ha parado la hemorragia y no tendrán que operarla: “No, no estoy con ella. Tuve que salir a hacer unas cosas...”.

Volveré hoy, lunes, cuando salga del Colegio. Sus antiguos compañeros, que no la ven desde que dejó las clases hace tres años cuando le dieron la baja definitiva por enfermedad al empezar a dializarse, me seguirán preguntando por ella (si es que el trajín del primer día de clase les deja un hueco para acordarse) pero no irán a verla.

Y yo, con rabia y pena, quisiera tener las llaves que no tengo: las de la vida y la muerte.

Pero me encuentro sólo con las de la palabra, corta y débil.

Ésta que hoy escribo.


PD. Apenas he escrito lo anterior me llega la noticia de su muerte.

23 Comments:

Blogger Carz said...

Perdona que te diga, amigo, que tenías razón, debías haber ido antes de tres horas. Pero fuiste y la encontraste viva. Y, ella tenía razón, ¿porqué no ahora?

La muerte no pesa lo mismo según en quien haga presa, esa es una verdad incuestionable que muy pocos aceptan.

Y si te llamó a ti, seguro que en vida le diste, quizás sin ser consciente de ello, el apoyo que encontro a faltar en otros pilares que resultaron ser de barro.
Te honra, al menos ante mí, que hayas redactado su epitafio.

Un abrazo.

11/9/06 3:59 a. m.  
Blogger tormentadeletras said...

que buena foto de tu almita...enrredada en las espinas de las decisiones tomadas....
sabes..si pasara por algo asi ,a mi me gustaria..tener a alguien..con quien tener la suprema confianza de confesarle mis temores!
unbeso escondido....en el silencio

11/9/06 4:37 a. m.  
Blogger Insanity said...

Voy.

Lo siento. Es tan triste como cierto.
In.

PD: No encuentro las palabras.

11/9/06 7:45 a. m.  
Blogger Marta said...

Qué ganas de abrazarte ahora mismo, querido Ybris.

11/9/06 11:12 a. m.  
Blogger Isthar said...

De nuevo me siento inundada por lágrimas que no son mías pero que no puedo evitar sentir cerca. La empatía suele desbordarme con frecuencia. Lo siento en el alma Ybris.

Confío en que al menos dejara de tener miedo...

Te dejo un abrazo enorme, enorme de esos de verdad, que salen de lo más profundo del alma.

11/9/06 4:29 p. m.  
Blogger manuel_h said...

!!!

Un abrazo

12/9/06 1:33 a. m.  
Blogger UMA said...

Yo tengo solo ojos empañados levemente, algunos recuerdos, una promesa...
No hay nada que pueda decir que merezca un comentario completo de mi pensamiento.
Sòlo abrazarte, decirte que tu texto me ha calado fino, que ella -siento- se fue en paz, y que ese hijo hace rato -creo- no la pasa nada bien.
"Tengo miedo"que tremendo.

Un gran beso desde acà

12/9/06 2:02 a. m.  
Blogger DaliaNegra said...

A veces vivir es duro y morirse también.
Espero que estés bien.Un abrazo.

12/9/06 3:17 a. m.  
Blogger Simplemente Olimpia. said...

Podría decirte...pero, sabes?, aún me sorprendo cuando leo el valor, escrito en palabras que todos callamos. No como un desahogo, no como una reivindicación, no como placer, no como intercambio. Ni siquiera por deuda...simplemente por amor y la rabia de saberse impotente e indefeso.
Mi agradecimiento.
Olimpia.

12/9/06 10:49 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Por una vez quisieras tener las llaves de la vida y la muerte. Aunque sabes que no tienes otro modo que mirar la vida (y la muerte)que de frente y sin vendas, aunque sabes que probablemente no cambiarias más que la indiferencia inhumana de los de alrededor.
Creo que vuelvo en el momento justo para mandarte un abrazo sincero y enorme.

12/9/06 3:58 p. m.  
Blogger Dulcinea said...

La verdad que después de esto, es difícil articular palabras. Lo siento.

Un dulce beso

12/9/06 10:30 p. m.  
Blogger Lunarroja said...

Sobrecogedor.
Siéntete feliz de haber sido su amigo. Y de haber ido a cogerle la mano.
Siento el desenlace.

12/9/06 11:03 p. m.  
Blogger . said...

Lo siento mucho. Hace unos meses me pasó lo mismo, perdí un gran amigo, un gran ser humano. No lo superaré jamás. Pero he de continuar con la sonrisa en los labios, más gente me necesita.

Un abrazo muy fuerte.

bohemiamar.

12/9/06 11:26 p. m.  
Blogger Patricia Angulo said...

Estuviste a su lado, te busco a vos porque te sabia incondicional, mas alla de esas tres horas que no le diste y que hoy te carcomen. Esas horas se las diste otras tantas veces, sino ella jamas te hubiera llamado para decirte de su miedo.

Un abrazo enorme Ybris a vos y a tu corazon en duelo.

13/9/06 3:40 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

No te salves a cualquier precio, pero no te castigues innecesariamente, Ybris.

Un abrazo grande, muy grande...

13/9/06 10:02 a. m.  
Blogger koffee said...

Hiciste lo que creíste, y fuiste su amigo, por éso te llamó. La amistad, algo que en muchos momentos de la vida no se puede valorar. No te mortifiques, recuérdala con cariño.
Un beso, y una mano en el hombro.

13/9/06 11:06 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Ybris, mi corazón había empezado a reaccionar mientras te leía, pero al llegar al final se ha desbordado por todo mi ser, tu dolor aunque te parezca extraño, también es mío.

Quería decirte que puede que sean palabras, solo palabras, pero, he pensado mientras empezaba a escribirte el comentario, que a pesar de que siempre en estos caso pensemos que podíamos hacer más, en realidad no siempre es posible, no somos perfectos ni debemos pensar que lo somos, creo que ella tomo de tí lo que necesitaba, te sabe y sabe que de alguna manera vas a seguir ayudándola, aunque sigas sin poder hacer todo lo que te gustaría y de nuevo te sientas impotente.

Por favor, sé flexible contigo mismo. Un fuerte fuerte abrazo Ybris y todo mi cariño

Brisa

14/9/06 3:15 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Al releer no se sí ha quedado claro, al decir te sabe, es porque yo creo que la muerte es un punto y seguido y desde algún lugar te sigue sabiendo.

Otro beso Ybris

14/9/06 3:17 p. m.  
Blogger libertad said...

Lo siento mucho. Cuando la realidad se impone, incluso más allá de las palabras, aunque es a través de ellas como tú nos la has transmitido, sobra todo lo demás. Te acompaño en tu dolor.
Un abrazo fuerte

15/9/06 8:49 p. m.  
Blogger Sofía B. said...

Supongo que decir lo siento se queda muy corto :o(

17/9/06 8:54 p. m.  
Blogger thirthe said...

lo siento, un abrazo.

19/9/06 11:45 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Escalofriante y precioso, realmente precioso tu texto, es tan humano, tan sentido, tan entrañablemente humano, me has dejado con el corazón "encojío"

C.A. Makkkafu

22/9/06 9:01 a. m.  
Blogger Simplemente Olimpia. said...

Lástima que aquella impotencia y aquella rabia, al cabo de los años no halla mermado y....que a pesar de todo a ninguna de ellas (incluida ella) hallas olvidado.
Por que ambas irán unidas.
Suele ocurrir, que no podemos diseecionar los recuerdos buenos y malos....por lo que atesoramos todos....y cuando la memoria los retomas, suele ocurrir que pesan más los malos que los otros.
Quien pudiera tener el filtro de los recuerdos....tamizarlos al gusto y espolvorear sólo los dichosos,....quizás por eso dicen que las sonrisas no pueden separarse del llanto.


Olimpia.

1/9/08 9:30 p. m.  

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