6.8.08

Leyes no escritas, 10: La ley de los grandes números


Al fin la solución. ¿Quién no se ha encontrado alguna vez en la engorrosa situacion de poner orden en el caos? Ese cuarto trastero en que vamos acumulando antiguas e inútiles lealtades, ese cajon de sastre en donde vamos echando lo que parece descabalado, ese conjunto de cuentas para las que no encontramos nombre y que llamamos “varios”.

En la organización social viene a pasar lo mismo, pero con la misma reflexión que cabe hacerse ante la injusta división de las personas en yo, tú y los demás. El salto del singular al plural es tan amplio casi como entre el plural y el infinito.

Así que no resulta extraño que a la hora de organizar un orden siempre acabe pasando lo mismo: cuatro o cinco cajones bien etiquetados para lo cercano y un inmenso almacén para lo restante. Si no somos capaces de poner un nombre o asignar una propiedad común a ese descomunal resto volveremos a la primera sensación de desorden que fue la que nos provocó la comezón de poner orden.

Mas hete aquí que la estadística, movida por la tenacidad de la tendencia humana al juego del azar, acaba descubriendo un comportamiento sorprendente de los sucesos que se repiten mucho: al final sus posibles resultados vienen a suceder el mismo número de veces. Lanzas un dado una vez y te puede salir cualquier número del uno al seis, pero si lo lanzas un millón de veces vienen a salir los seis números sobre poco más o menos lo mismo.

¡Voilà! Todo resuelto entonces también para las personas. Separas un generoso apartado para reyes, presidentes, jefazos y sus correspondientes apoyos y al residuo ingente de “no calificados” se les trata como a los números de una ruleta. Si no hay ningún cabecilla o revolucionario que incordia a los de los otros cajones y al que se le elimina directamente o sólo hay pequeñas turbulencias de mafias, bandas o tribus marginadas, al final las personas se acaban concentrando en muchos que comparten las modas, medias y medianas de una distribución normal en la que otros se apilan en los márgenes estrechos de la campana de Gauss sin la cual su tañido dejaría de ser melodioso en el ambiente.

Así pues, si los montones son comprensibles y entran dentro de esa aplastante lógica, no hay más que acumular gente, clientes, súbditos y esclavos para que su convergente comportamiento sea manejable.

Políticos, bancos y compañías de seguros saben que cuantos más, mejor. ¿Que hay muchos pobres? Pues se saca la media y todos ricos. ¿Que hay muchos descontentos? Pues una encuesta amplísima y todos contentos. ¿Que hay muchos accidentes? Pues marchando una esperanza de vida y todos felices.

Y así el que no ve el orden establecido es imbécil.

Y el que no se cree que eso es lo normal, un anormal.


Lo que pasa es que algunos sentimos el orgullo de ser imbéciles y anormales por mucho que otros se empeñen en hacernos un número perdido entre los valores de concentración y dispersión de una distribución normal.

Que, referida a personas es la menos normal de las distribuciones.


22 Comments:

Blogger Jin said...

así que somos varios imbéciles... consuela!

implacable la coherencia de tu análisis, Ybris. y ese cuchillo que metes en la llaga afiladísimo.
gracias por pensar tan claro y confortarnos un poco dentro de este cahótico cajón de sastre. un beso de los grandes.

6/8/08 9:52 a. m.  
Blogger Soboro said...

Las estadísticas públicas siempre están manejadas desde el poder. Eso es verdad.

6/8/08 9:53 a. m.  
Blogger Margot said...

Vale, méteme en el cajón de varios: imbéciles y anormales, a mí también.

Tengo otros cajones con respecto a este tema en los que poder caber pero te cuento otro día que suene menos subversivo... jeje.

Beso con capirote!

6/8/08 11:50 a. m.  
Blogger Athena said...

Vivo sentada con las piernas colgando en la curva de la desviación absoluta.

Besitos.

6/8/08 1:14 p. m.  
Blogger -Pato- said...

Ybris tus leyes no escritas ya son lectura necesaria.

Está bien, vamos al cajón de imbéciles y anormales, pero con orgullo.

Besos.

6/8/08 3:20 p. m.  
Blogger Sirena Varada said...

Pues me ha fastidiado. Me gusta el juego del azar por lo que le suponía de inopinado, extravagante y siempre extraño, y ahora resulta que también las leyes del azar desembocan en el cajón de la uniformidad.

Al menos una cosa, el orgullo: sí, pero de imbéciles nada, que cuesta mucho andar en medio de lo no se comprende ni guarda relación con uno mismo.

Un beso

6/8/08 7:13 p. m.  
Blogger Raquel Fernández said...

Reinvindico mi condición de imbécil y anormal (pero muy, pero muy).
Excelente, como siempre.
Un beso grande.

6/8/08 11:10 p. m.  
Blogger la ventana said...

increiblemente cierto!
nunca lo había pensado de esa manera, ni se me había ocurrido, solo pensaba en como la gente prefiere unirse a un grupo grande y sacrificar su individualidad por una moda, pero nunca lo había visto asi, sera por miedo a sentirse solo?
yo de chico tambien comprometi algunas veces a mi verdadero yo, para no estar solo, puede ser que al resto tambien le pase..
en fin, un gustaso volver a leerte saludos

nico

7/8/08 5:20 a. m.  
Blogger Amparo said...

En los primeros 30 primeros años de mi vida no entendía esta ley de los grandes numeros, ahora ya me he acostumbrado a ser imbecil y tienes razón, llegas a encontrarle el gusto.

Besos calurosos

7/8/08 7:19 a. m.  
Blogger Enrique Sabaté said...

No eres mensurable
ni estás en la media,
lo tuyo es comedia
experta y afable.
Arlequino amable
y sabio moderno,
puchero de invierno,
certero humanista,
amigo a la vista:
paz es tu cuaderno.


Un abrazo amigo.

7/8/08 11:43 a. m.  
Blogger Isabel Martín said...

para que luego digan que las matemáticas no sirven para nada...

¿por cierto? ¿esto es consecuencia de la tarea esa de ordenar cajones y armario que tod@s dejamos para el verano?

un 10 para esta ley.

7/8/08 1:27 p. m.  
Blogger mangeles said...

¡Que les den!...nosotros no somos números, y menos números de estadísticas.


Besos amigo.

7/8/08 1:42 p. m.  
Blogger libertad said...

Así es amigo. A ti el calor no te hace perder la lucidez. Besos grandes!

7/8/08 1:42 p. m.  
Blogger Sasian said...

anormalmente ordenada
ordenadamente caótica
desordenadamente desastrada...imbécil orgullosa.

Que lucidez, pordiós!


un abrazo

7/8/08 2:12 p. m.  
Blogger Tristancio said...

Se trata de esconder o disimular la palabra injusticia. Y tan tranquilos...

Se trata de esconder o disimular la palabra tristeza. Y así vamos, dando tumbos hasta la tumba (ésta, sin número).

Saludos.-

7/8/08 5:40 p. m.  
Blogger alba alpha said...

Ahí vamos...

Besos
Alba

7/8/08 10:46 p. m.  
Blogger J.Mares said...

Leo a varios comentaristas que se meten en el cajón de los imbéciles... Será que ese cajón es el más grande o que cuando hay mucho de algo se convierte en normalidad y la característica deja de ser remarcable con lo cual ¿el resto son los que deberían ir a parar a un cajón de raros?

Creo que soy mucho más desordenado que eso y a veces ni siquiera encuentro las parejas de mis calcetines...

8/8/08 1:52 a. m.  
Blogger sintulatido said...

Querido te dejo besos del cajón desastre donde tenía unos cuantos acumulados..Los voy acomodando como puedo..
Buena semana

8/8/08 1:53 a. m.  
Blogger PIZARR said...

Oye Ybris, que a este paso consigues desestabilizar las leyes de los grandes números establecidos... jajajajja

Porfa... ¿ podría tener plaza en ese cajón de imbéciles... ?

Me maravilla tu manera de pasar del verso a esas leyes no escritas... eres genial ( vaaaaaaaaale, además de imbécil... te dejo en tu cajoncito, en el que espero sigas todo la vida)

Un beso grande

9/8/08 11:22 a. m.  
Blogger yraya said...

Y pensando que todos somos un poco imbeciles, pues todos contentos.
Un besote

11/8/08 12:02 a. m.  
Blogger Simplemente Olimpia. said...

Adorable....será por que la a-normalidad suele serlo.
Antes creí que estar fuera de dispersiones me permitía no alienarme...pero te aseguro que hoy prefiero estar en esa concentración tuya de imbéciles...pataleándo, claro.!

Mis besos más tontos.

Olimpia.

13/8/08 3:32 p. m.  
Blogger Ana said...

encontre este blog de casualidad...y me quede sin palabras. Raros, anormales, estravagantes, victimas...gracias por tu comentario y forma de pensar!
Ana

16/8/08 9:07 p. m.  

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