4.2.09

La rebelión de las máquinas


Lejos quedaron los tiempos en que el poeta o el artista se escudaba en la soledad sonora, en los cantos amenos de los pájaros o en el rumor de la brisa sobre las copas de los árboles del bosque.
Sumido ahora en las lentas cavilaciones del sencillo soñador que todos llevamos dentro escuchas un sonido de repente que, más que inspirarte, te desvela como pedrada en un sueño o como tos en medio de una sinfonía: es tu móvil que te comunica un mensaje o te llama.  Abres el mensaje o descuelgas con resignación en vez de con expectación porque sabes la cruda realidad: es publicidad Movistar, es alguien que dice querer conocerte pero sólo quiere que mandes un mensaje a un número de alto coste, es una voz acogedora que pretende que compres, que firmes, que accedas, que contrates, que cambies, que suscribas.
Cuelgas pero no puedes desconectar porque quizás te llegue la llamada o el mensaje esperado que te dé y  no te pida, que te llene y no te vacíe.
Vuelves  a tu paz…
Hasta que suena el telefonillo de la entrada o el timbre de la puerta. Sabes que no tienes más remedio que abrir por ese improbable acaso de que sea la llegada de lo inesperado y deseado. Los causantes de la llamada también lo saben y de eso de valen: es el cartero del banco, el repartidor de publicidad, el vendedor de enciclopedias, el agente de seguros, el falso revisor de la instalación del gas, el que se ha equivocado.
Regresas al principio tras intentar relajarte…
Ahora suena otro pitido. Lo analizas y aventuras que uno de los móviles o el inalámbrico se va quedando sin batería y te avisa para que lo pongas a cargar. Sabes bien que tendrás que abandonar la comodidad de tu asiento y la lectura que te absorbía porque el terco aparato irá repitiendo su aviso incansablemente e incluso acelerando su estridencia como en la lenta agonía de quien no quiere morir sino matando.
Luego oyes otro sonido procedente de la cocina: la vitrocerámica hace sonar la alerta porque no sabe si es que el parpadeo de la luz significa que se han activado varios sensores o es que una nube repentina la ha cubierto con su sombra.
Y luego será el aviso de las horas en tu reloj de pulsera cuya alarma jurarías haber desactivado o la señal con que el antivirus te avisa de que ha terminado de revisar tu disco duro o que ha culminado con éxito la grabación que le habías encomendado.
Acabaré con  -y no por último menos importante- el extraño comportamiento con que mi GPS demuestra bien a las claras su autonomía. Ignoro que insólita programación le imposibilita el silencio en los momentos más críticos y decisivos: te manda girar a la derecha cuando a la derecha sólo existe un muro impenetrable, te insta agónicamente a dar la vuelta en espacios imposibles, te coloca en mitad del campo cuando vas por una autovía despejada o te sumerge en el lodo del río cuando las obras te obligan a cambiarte de carril, te alerta de una rotonda en medio de una recta inacabable o te dice que no te desvíes cuando la autopista cruza a 10 metros de altura sobre un camino de tierra.
La señorita de mi GPS jamás enmudece tras perder la señal en un túnel. Observo atónito cómo, al recuperar la posición, me avisa de torcer a la izquierda después de 10.000 kilómetros o se queda en suspenso tras decir “a los cien metros…”. Muchas veces parece darse cuenta de que lleva tiempo callada y salta con un “siga todo recto” en mitad de una curva o se pierde en un bucle que te obliga meterte un una calle cortada por obras sin más alternativa que la desesperación.

Cuando los novelistas de ciencia ficción narraban la rebelión de los robots jamás pensaron que más que enfrentarse a nosotros con terribles armas lo harían invadiendo  nuestra paz a base de toda suerte de sonidos molestísimos que se regeneran por defecto cada vez que pretendemos anularlos.

A veces, tras la desesperación del ruido inacabable, me someto a la cura del recuerdo de un buen amigo que pasó unos días retirado en un pueblecito castellano y que contaba embelesado los momentos de paz que le invadían cuando al atardecer polvoriento de los caminos de regreso al pueblo se detenía a ver el lento caminar de los bueyes tirando de la carreta.
Y es que hay veces en que hasta el estridor de la chicharra es música celestial al lado de la intromisión de las maquinarias en nuestras vidas.
Menos mal que siempre tengo el recurso de ponerme los auriculares y escuchar  la grabación de Rostropóvich interpretando la primera suite de Bach para chelo o el concierto para violonchelo de Dvorak.
Eso tiene siempre la virtud de reconciliarme con la vida.

29 Comments:

Blogger Antonio Castellón said...

Me has hecho reir tan de mañana, Ybris, bueno, aún noche.
Ese gps se ve que no está actualizado, o está conectado a otro país, jeje.
Lo que dices de las máquinas, éstas que nos rodean ahora por todas partes, es cierto, pero reconoces asimismo que hay un lado positivo: por ejemplo, esa máquina amiga que te permite escuchar la música de Bach o de Dvorak...
Y añado yo esta otra, la maquinita con la que estoy escribiendo en estos momentos.

Gracias por tu visita y por estas risas de madrugada.

Buen día.

4/2/09 6:44 a. m.  
Blogger Amparo said...

hoy salgo a trabajar con una sonrisa...gracias por estas notas de humor.

Un abrazo

4/2/09 6:59 a. m.  
Blogger Athena said...

Vaya yo debí nacer ya con el chip tecnológico puesto porque no oigo nada de eso o será que lo ignoro.

Además te dan muchas palabras esas molestias :o) ¿no?

4/2/09 7:07 a. m.  
Blogger Cecy said...

A pesar de las criticas, me place desconectar todo, porque el silencio tiene muchas veces la música de los ángeles.

Besos.

4/2/09 9:25 a. m.  
Blogger mia said...

Aún sonriendo,te confieso

que no siempre innecesarias,

yo envío sms a los míos lejanos

y les miro en web-cam y como

decía un amigo

chileno;Si no te subes a la

máquina,la máquina te arrolla....

Besos ybris

4/2/09 9:39 a. m.  
Blogger marisa said...

Qué bueno...me he sentido así muchas veces, rodeada por sonidos infames:el timbre del instituto, el móvil, el microondas, el despertador. En fin, nos queda la música...Besos

4/2/09 9:43 a. m.  
Blogger impersonem said...

"Ruido,ruido, ruido... mucho, mucho ruido", como dice Sabina en su canción.

ybris, he pasado un buen rato leyendo tu genial observación de la cotidiana realidad que nos envuelve.

Un abrazo.

4/2/09 10:34 a. m.  
Blogger Margot said...

Cómo para no reconciliarse!!

Me han dado ganas de desenchufarlo todo! o poner almohadas encima o tirarlo por la ventana o montar un mercadillo a la puerta de mi casa o...

Yo estoy majara perdida, he grabado un CD con cantos de pájaros y "ruidos" naturales y con eso me reconcilio, aunque tenga que subir el volumen a tope... no es absurdo este tiempo nuestro?

Besos estridulando (el canto del grillo, ou yeah)

4/2/09 11:22 a. m.  
Blogger koffee said...

Hallábame plácidamente leyéndote, y repetidos timbrazos me alertan de que de mi cocina sale un humo pestilente, gritos por la galería preguntando si hay que avisar a los bomberos mientras ésta que lee, sonrojada, responde con un entrecortado "no, no, perdonad.... se consumió el agua del huevo duro... disculpad, no pasará más!".
Tal vez hubiera bastado con un "vecinita, poddió, deje Vd. el ordenador que nos quemamos!"; pero no les hubiera oído.
Vamos, que de tanto en tanto se agradece el ruido eh?.
Un besote!.

4/2/09 11:46 a. m.  
Blogger Isabel Martín said...

jejeje.
gracias por alegrarnos el día Ybris.
Pues con tanto pitido estridente ¿no os pasa que cuando llevan mucho rato sin sonar empezáis a preocuparos??? que yo más de un domingo he llegado a pensar que se había acabado el mundo ¡y sin batería en el móvil!

4/2/09 12:08 p. m.  
Blogger Luisa Arellano said...

jajajaja, Ybris, gracias por este buen rato que he pasado. Creo que todos hemos vivido esos incordios.

Estamos rodeados de máquinas y las pobres, a veces molestan más que una china en un zapato, pero también nos facilitan la vida, vaya lo uno por lo otro :) ¡C'est la vie!

4/2/09 1:01 p. m.  
Blogger Tempero said...

Sí, Ybris, es estridor de las chicharras es música celestial. Y sino es música celestial al menos es música alada, elitrosa. Sencilla forma de refrigerarse del calor. Nosostros somos hasta casi incapaces de refrigerarnos del ruido. Algunos. Bach siempre acoge.

Abrazos.

4/2/09 3:15 p. m.  
Blogger DaliaNegra said...

jajaja,tu GPS es como Hal,está loquísimo...¡y tienes tanta razón en lo que dices!
amo el sonido de las chicharras a la siesta, en verano...
Besos,Ybris***

4/2/09 4:45 p. m.  
Blogger raindrop said...

¿En qué momento las máquinas pasaron de ser nuestras servidoras a convertirse en nuestras tiránicas amas? Yo no lo sé. Lo que sí sé es que hay que recuperar los momentos de paz, a toda costa. Por nuestro propio bien.

un abrazo

4/2/09 4:49 p. m.  
Blogger libertad said...

Me has sacado una sonrisa, y eso en estos tiempos que corren es una maravilla. Qué ingenioso eres.
un beso

4/2/09 6:28 p. m.  
Blogger Ventana indiscreta said...

El ruido tiende a patentarse,
el silencio a exiliarse.
Bendito exilio.

Besos, Ybris.

4/2/09 8:31 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

De ellas sea el reino de los cielos, y será, pues a pesar de todo ello, de todos esos inconvenientes y malestares, nada te hizo dormir más tranquilo que una alarma -quítese el gallo que canta cuando le sale de los cojones-, nada aceleró más el pulso que una llamada inesperada -nada que ver con las señales de humo-. Y mucho peor que esa graciosa voz enlatada que te ordena las calles, encontrarte perdido y sin nadie a quien preguntar. Y eso sin nombrar una sonrisa en un blog, o a traves de una cámara, entonces sobran todas las cartas del cartero -y es una pena-, pero así es. (Y lo que nos quede por ver, afortundos sean los ojos). Nunca aquello pasado fue mejor, y lo futuro, que lo demuestre.

M.M.

4/2/09 9:59 p. m.  
Blogger siempre a tu lado said...

bendito silencio, que cuando suena la musica de todos estos artefactos, me pregunto, porque he llegado a esto.


Saludos

4/2/09 10:48 p. m.  
Blogger gaia07 said...

A pesar de mi sonrisa de adhesión, deduzco que nuestra capacidad de aguante es admirable. De lo contrario más de la mitad del planeta estaríamos en el manicomio.
Aunque pensándolo mejor, el primer mundo ya resulta un manicomio es sí mismo, y nuestras locuras acaban afectando al segundo, al tercer y al cuarto mundo, ya estamos realmente desquiciados.
No acertaron con la forma de ataque, pero si con las consecuencias.
¡Cuánto me gusta leerte!
Besos.

5/2/09 9:22 a. m.  
Blogger Sangre said...

Pues si...cualquiera de ellos,personalmente, me quedo con Bach...

Lo de las máquinas, inevitables, aunque siempre pensé decirte esto y aquello, durante una conversación, viendote los ojos, delante de un café bien caliente, que hizo otra maquinita, querido amigo...

Un abrazo.
Carlos

5/2/09 3:34 p. m.  
Blogger irene said...

Odio esos bichos, pero no hay más remedio que adaptarse a los adelantos, tardé en admitir el móvil, hace tiempo decidí no usar reloj, ya lo lleva él, (me refiero al móvil, jajaja).
No me gustan los ruidos, pero me entusiasma el estruendo que forman cientos de pájaros en los árboles de la plaza Plateros de Jerez.
Un beso, silencioso, que hay algunos que...

5/2/09 5:58 p. m.  
Blogger irene said...

Se me olvidaba, me encantó tu definición del GPS, me he reído un montón.

5/2/09 6:00 p. m.  
Blogger Raquel T. said...

Dichosos sonidos metalizados y mecánicos que nos asaltan por todas partes, amigo Ybris, qué razón tienes, empezando por el insidioso despertador... Pero lo que peor llevo respecto a esa nuestra relación amor-odio con la maquinaria más variada es la dependencia que nos crean, las "malditas": no hace tanto que compartimos la vida con el móvil, pero nos parece imprescindible
desde el principio de los tiempos, ya no eres nadie si no tienes un Mp4 de innumerables gigas y se te queda cara de simple cuando te hablan de la cantidad de pixels de la última cámara de fotos :(
Creo que, ante esta situación, el remedio es llevarse con ellas lo mejor posible, sin dejar que dependencia signifique asimilación, jamás: ¡por favor, no nos convirtamos también nosotros en máquinas!
Abrazos de carne y hueso...

5/2/09 7:08 p. m.  
Blogger thirthe said...

muy bueno, sólo que a mi me encanta que me interrumpan:-)

5/2/09 8:37 p. m.  
Blogger mari said...

ciertamente la realidad superó mis fantasías sobre el futuro. Esas viejas ideas de bandas peleando por combustible tipo Mad Max han quedado atráz.

6/2/09 12:58 a. m.  
Blogger -Pato- said...

Qué gran verdad, Ybris, nuestras modernas máquinas "amigas o enemigas íntimas" nos rodean hasta quitarnos la paz.
Me río, porque en mis chamuyos recién hablaba de esa paz, sin tu sabiduría ni tu destreza para el detalle preciso, pero estaba apreciando el silencio de los primeros momentos de la mañana, todavía sin que las máquinas se hayan activado y comenzado su rebelión.

Besos.

6/2/09 1:52 p. m.  
Blogger manuel_h said...

qué tendrán las suites de cello de bach que te serenan el estado de ánimo con unas cuerdas frotándose contra otras. Me encantan, aunque yo escucho más la grabación de Casals.

6/2/09 8:25 p. m.  
Blogger Enrique Sabaté said...

Sólo hay que convivir con ellas.
Y yo sigo sin gps.

Salud

7/2/09 2:41 p. m.  
Blogger Simplemente Olimpia. said...

jajajaja, sonrío abiertamente....y pienso...nosotros le dimos la vida (a las máquinas) pero podremos quitársela?. Imposible. Ahora es cuando la dependencia nos gana.

Adoro cuando tu reflexión me lleva a visionarte cual Cid.

Olimpia.

25/4/09 9:30 p. m.  

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