22.4.09

La trampa de la normalidad

Todos conocemos personas de natural afable, abierto, comprensivo y bromista. Igualmente sabemos de otras serias, hurañas, distantes y autoritarias. Uno de los secretos de la amistad es el identificarse con el modo habitual de ser de estas personas y compartir los momentos en que se muestran como normalmente son mientras que sabemos que los periodos de comportamiento diferente son pasajeros y dependen de circunstancias que les afectan pero que no les cambian el carácter.

Siempre me ha llamado la atención a lo largo de mi dilatada experiencia como profesor la capacidad de los alumnos para detectar y aprovechar esa diferencia sabiendo que los primeros algunas veces se enfadan o se muestran preocupados y distantes pero que, tras un periodo de tiempo más o menos largo acaban volviendo a su habitual y cercano comportamiento. Igualmente saben que los segundos muestran momentos de mayor cercanía y apertura pero que cualquier circunstancia les moverá al normal rigor que les caracteriza.

Lo mismo puede decirse con respecto a los periodos de tiempo: los hay de relajamiento, ocio o diversión y los hay de trabajo impuesto, dedicación forzada o implicación sacrificada. Todos saben que para unos hay momentos de recreo y distensión que acaban irremediablemente en clases, estudios o trabajos mientras que para otros hay momentos de trabajo que dejan paso, tras un cierto paréntesis, al ocio, al regodeo o a la dedicación a sus aficiones.

Por eso quienes, por mandato democrático o por imposición totalitaria, quieren organizar los grupos, las sociedades o las naciones se esfuerzan por apropiarse de una pretendida normalidad para dosificar las medidas reguladoras del resto con objeto de adaptarlo a dicha normalidad. Quienes creen que lo suyo es que sea el sector privado quien dicte las normas de convivencia socioeconómica verán como excepcional la intervención del sector público; quienes, por el contrario, entiendan que la economía debe ser fundamentalmente pública dejarán al sector privado sólo el espacio que quede tras garantizar que nada afecte a los derechos imprescindibles acordados.

De ahí la importancia por conseguir el dominio sobre un concepto de normalidad que favorezca las propias convicciones o los propios intereses. La forma matemática de la distribución normal es la de la llamada campana de Gauss en donde la inmensa mayoría de los casos se concentra alrededor de lo más frecuente (la moda), del punto en que hay tantos por encima como por debajo (mediana) o del punto con respecto al cual cualquier diferencia por arriba se compensa con otra por abajo (media). Por supuesto que los casos alejados son una minoría aceptada como extrema y excepcional con unos valores de medidas de dispersión (desviación típica, varianza o recorrido)  que no superen ciertos límites.

La trampa a la que alude el título es asignar ese concepto matemático intuitivo de normalidad a la propia idea fundamental que define a un partido o a un grupo cualquiera. Automáticamente queda ya definido lo normal y lo excepcional: para un liberal lo normal es la libertad de empresa privada y lo excepcional la intervención del Estado, justamente lo contrario que para un comunista o socialista clásico. Hay grupos religiosos que toman como norma lo que entienden que es palabra revelada de Dios (y la hacen coincidir con leyes naturales inmutables o con Sharías o leyes sagradas) y como excepción lo que esa palabra ha dejado como opinable. Por supuesto que esto se puede aplicar a nacionalistas, anarquistas o cualquier partidario de cualquier imaginable  –ismo.

Si todo se redujera al ámbito teórico no habría excesivos problemas, pero la práctica hace que la realidad sea mucho más delicada porque la idea de lo normal implica la definición de variables sobre las que se puede actuar y de parámetros intocables. Eso es mucho más claro en momentos de crisis: los salarios de los trabajadores, el número de puestos de trabajo, el gasto público, los impuestos, las prestaciones sociales, los subsidios … es normal –para unos- que disminuyan mientras que el sueldo de ejecutivos y de altos políticos, el margen de beneficios de las grandes empresas, los precios de los productos, la libertad de contratación de trabajadores, la seguridad de sus activos… no admiten ni la más mínima intervención si no es como aval o prestación estatal que garantice la confianza de sus clientes.

Yo, como irremediable contestatario que soy, miro con enorme suspicacia el concepto de normalidad que habitualmente dejan caer por su propio peso todos los medios de comunicación y las instituciones oficiales en donde unos son grupos aceptados prosistema y los oponentes, extremistas grupúsculos antisistema. Dudo que sea normal una distribución en que se nos dan medias que nos colocan a una altura aceptable y se callan su desajuste con el valor más frecuente o el desequilibrio de los numerosos valores por debajo con respecto a los escasos valores por arriba así como las innumerables y abultadas excepciones de hirientes marginados.

Tengo como irrenunciable mi propio concepto de normalidad donde lo normal es que todos contribuyamos a través de un sector público (que no nos regala nada sino que administra en beneficio de todos lo que le confiamos)  a la satisfacción de los derechos básicos al trabajo, a la vivienda, a la educación, a la salud y a la seguridad. Y, la verdad, no veo el modo en que un sector privado, guiado por un justo deseo de beneficios máximos sea de fiar en cuanto a la satisfacción de esos derechos. Más bien parece que uno tenga que mendigar unos derechos que debieran serle debidos en vez de vendidos.

Siempre recordaré cuando me contrataron en el último colegio en el que habría de permanecer treinta y cuatro años hasta mi jubilación. Me propusieron prolongar el horario de mis clases con actividades extraescolares y yo me negué recurriendo al dicho latino: “primum vivere, deinde philosophare”, lo primero es vivir y luego el filosofar. Quien me lo propuso dijo: “Pues por eso justamente. Tú primero ganas todo lo que puedas y luego lo inviertes en tu tiempo libre”. Yo le dije entonces: “Pues por eso, justamente. Yo primero establezco mi tiempo libre y luego gano lo necesario para mantenerlo”.

Claro que por eso jamás he sido considerado como una persona normal.

29 Comments:

Blogger Athena said...

Querría dejarte un comentario que pareciera inteligente pero me temo que estoy demasiado dormida hacerlo.

Aunque estoy de acuerdo contigo, como casi siempre.

Besos

22/4/09 7:30 a. m.  
Blogger koffee said...

Hoy ando como hormiguita entre tus líneas, asintiendo a tus exposiciones y teniendo cada vez más claro que si partiéramos todos de estas premisas, otro gallo nos cantara y desaparecerían los hilos que nos manejan como marionetas en que nos hemos dejado convertir por el entorno.
Yo no quiero ser normal.

22/4/09 9:57 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Me temo que muchas veces no hay la posibilidad de negarse. En muchos trabajos impera la costumbre de regalar un par de "horas extras" aunque no sea más que para calentar la silla y lo más triste es que en muchas ocasiones esta obligación es fomentada por los propios compañeros quienes, al igual que los jefes no saben latín... y dicen que no hay quien entienda a las mujeres tanto queder trabajar y luego no paran de poner excusas (lo típico que quieres ver a tus hijos antes de que se vayan a la cama)

Me gusta mucho el blog

Maria

22/4/09 10:13 a. m.  
Blogger iliamehoy said...

Debo confesar que me perdí entre tus palabras...puede que sea porque nunca estuve en el mismo punto de "normalidad". Caí en la trampa, tan a menudo que ahora tan sólo me atrevo a decir que"soy" .
Voy a continuar alimentado mi criterio aún a pesar de las "normas"

22/4/09 10:16 a. m.  
Anonymous laMima said...

Que bueno querido: hay tantas "normalidades" como personas y pensamientos, lo malo es que no hay manera de hacerlo entender al respetable.
Pero no se refieren a esas diferencias cuando "nos normalizan", no... es la cara oscura de la palabra. Arma de doble filo.

22/4/09 10:48 a. m.  
Blogger impersonem said...

Ybris, ¡qué razón tienes!, el título de tu entrada es sugerente y concluyente a la vez.

En cuanto a lo de la Campana de Gauss, ya sabes lo que se dice por ahí de la estadística: "hay mentiras, pequeñas mentiras, grandes mentiras, y la estadística". Yo que soy vegetariano, al cabo del año me como unas decenas de Kilos de carne según la estadística... pues con los recursos necesarios para la supervencia, pasa lo mismo.

Certero ybris, exacto lo que postulas en tu entrada.

abrazos.

22/4/09 2:41 p. m.  
Blogger mangeles said...

Pues a mí me pareces "muy normal" y "muy sabio". Los trabajadores necesitamos un salario. Ya está. Que ese salario sea digno y adecuado a las circunstancias es algo que no nos queda más remedio que seguir luchando. Hoy mismo he hecho una demanda, reclamando el salario adeudado a un trabajador extranjero.El "cabrón", puesto que no tiene otro nombre, de su "empresario" le dejó 3 meses sin pagar y desde luego "sin papeles". La normalidad sería la justicia de un trabajo un salario digno. Pero aún nos queda mucho que luchar con estas "sanguijuelas", que quieren ser ricos, y que los trabajadores sean pobres de solemnidad para poder explotarlos a su gusto.Yo he llegado a la conclusión de que muchos, muchos más de los que imaginamos, disfrutarían a sus anchas con el regreso de la exclavitud.

Un besazo amigo

22/4/09 4:12 p. m.  
Blogger IndeLeble said...

Mi querido Ybris muy coherente todo lo que relatas aunque difícil de aplicar casi siempre...Con respecto a personas "normales"...Los parámetros no son iguales en ningun caso , la normalidad no existe , se asemeja en algo una persona a otra y la sociedad en la que vive marca ciertas pautas a las que dichas personas se adaptan o no ...Bueno lo tuyo es filosofía y da para cortar mucha tela amigo .
Te dejo un abrazo y beso cariñoso como siempre!!

22/4/09 4:40 p. m.  
Blogger UMA said...

En tèrminos psicològicos la "normalidad" no existe, o existe en lo que atañe a lo "esperable", "no raro", etc.
Es lo mismo que hablar de "sanidad mental", serà que yo estoy en este tema concatenando mis palabras con las tuyas y expongo lo "aceptable con lo no-aceptable"...
Sabiamente me hablabas de las peculiaridades de cada cual, y al hecho pecho, eso se expresa con nuestras elecciones que al fin y al cabo son las que nos daràn la dicha que necesitamos como cuota diaria.
Te abrazo fuerte.
Un beso

22/4/09 8:43 p. m.  
Blogger Beauséant said...

tu concepto de normalidad es de una bendita y fresca ingenuidad que, algunos, no dudarían en calificar de peligrosa.. de alguna forma pertenecemos a un sistema abierto pero totalmente cerrado, que nos no deja excluirnos de el, pero tampoco nos deja salir. somos la frontera, los bordes del sistema..

te imaginas si todos rechazáramos los aumentos, las televisiones gigantes, todas esas cosas que no podemos pagar y no necesitamos, todos esos intereses creados..

ese día seríamos de verdad libres ...

22/4/09 9:03 p. m.  
Anonymous Brisa said...

En esta sociedad, se prima la uniformidad y se habla de diversidad, tener la energía suficiente como para ser uno mismo y sintiéndose uno con los otros, creo que es una bonita manera de sentirse en equilibrio, ya sabes lo de la normalidad es subjetivo.

:) Un besito Ybris

22/4/09 10:38 p. m.  
Blogger Cecy said...

Que gusto me hubiese dado tenerte como maestro, si aqui me voy tan contenta de lo que me trasmites, imaginarte en clase, debe ser sublime.

“Pues por eso, justamente. Yo primero establezco mi tiempo libre y luego gano lo necesario para mantenerlo”

Esto te lo robo, asi es mi querido Ybris.

Besotes.

22/4/09 11:03 p. m.  
Blogger Amparo said...

por eso precisamenete es por lo que te leo y te sigo....por ser inconformista y traspasar la normalidad.

abrazos

23/4/09 7:04 a. m.  
Blogger marea@ said...

Me quedo con los últimos renglones, una base sólida y natural para disfrutar de la vida.

un abrazo amigo.... aunque debería decir un abrazo profesor... y amigo. Marea@

23/4/09 9:19 a. m.  
Anonymous mad said...

Siempre digo que por mucho menos de lo que nos están haciendo (y muchos se dejan hacer) se lió la Revolución Francesa...

Cómo me hubiese gustado que me explicasen así la Estadística...

¡Feliz Sant Jordi!

23/4/09 10:55 a. m.  
Blogger raindrop said...

Esa especie de juego a dos bandas (que sería juego a múltiples bandas) es un intento de ganarse a todos, cambiando matices del mismo discurso. Una actitud camaleónica:
cuando estoy con unos, me parezco a ellos... con otros, destaco otras cosas...
Por eso, ya no me asombra la fijación de muchos partidos políticos por situarse en "el centro". Así es algo más difícil saber qué es "lo normal" y qué es "lo excepcional" en sus propuestas.
Pero creo que ya vamos desarrollando una gran capacidad para distinguir lobos con pieles de oveja o borregos haciéndose pasar por lobos.

abrazos

23/4/09 12:51 p. m.  
Blogger Tempero said...

Podríamos invocar a la trampa de la anormalidad que nos acaba convenciendo de que no, que la cosa es normal.
Hara 6 ó 7 años en un alarde desbocado todos pudimos ver como se vendían terrenos que hasta hacía poco tenían un precio normal de mercado. Bien. Se disparan al doble, al triple, qué se yo. A los dos años ya era normal pedir por un terreno lo que comúnmente se llama barbaridad. Contrapartida: pisos a cojón, precio anormal que acabaría convirtiéndose en normal. Y como todo lo que es anormal concluye, tarde o temprano, nos damos cuenta de la trampa. O por lo menos el que no se la hubiera dado. Conclusión: quienes cayeron en la trampa, algunos sin remedio, viven hoy para trabajar, si es que hay trabajo. Esa es la clase obrera que se pretende, la que viva para trabajar, con un ocio en el que lo tengan todo resuelto, pensado y hecho por otros. Y no un ocio libre y dispensado con dosis de escaso gasto: ¡esto sí que es anormal! Pero cuidado, que lo anormal puede entrañar trampa.

Abrazos fuera de norma.

23/4/09 1:43 p. m.  
Blogger Margot said...

Por eso lo mejor es ir con los ojos bien abiertos (las manos también, que la suspicacia no implica la total desconfianza ni dirigida a todos) y saber en qué momento te la colarán con su pretendida normalidad...

Y ni idea de si seré un bicho raro, cosa que nunca me preocupó mucho, porque mi idea de normalidad poco coincide con la suya. Y eso es lo normal para mí, jeje.

Besos de perro verde.

23/4/09 5:30 p. m.  
Blogger marisa said...

No debemos dejarnos clasificar. defendamos nuestra normalidad por muy anormal que a otros les parezca...
Besos

23/4/09 8:19 p. m.  
Blogger gaia07 said...

La alineación a la que se nos somete continuamente en el trabajo, en el ocio y en nuestra intervención en lo social raya la irracionalidad. Nunca somos parte de un todo, solo sabemos y hacemos ese pequeño segmento, o sección, que ni sabemos para que sirve, ni si es importante cómo y de qué manera la elaboramos, con lo que la visión de eficacia de nuestra aportación al todo carece de valor ante nuestros ojos, deja de ser trascendente, perdemos interés ya que lo que estamos haciendo no es ni beneficioso ni perjudicial para nadie concreto y conocido.
De esta manera el concepto de normalidad general muy poco tiene que ver con lo que vemos y ejercemos desde nuestra perspectiva, y creemos y seguimos a ciegas a aquel que suponemos está en un nivel suficiente para tener la visión completa del todo.

No intento justificar nuestro ovejuno comportamiento, pero si poner un acento en que si más de uno caemos en la trampa será por falta de raciocinio o exceso de ambición.
Solo unos pocos, capaces de investigar, racionalizar nuestro comportamiento y recalibrar la normalidad que nos ofrecen, llegan a descifrar la trampa y ponerla ante nuestros ojos de una manera tan clara y fluida como has hecho tú aquí. Gracias.

Un beso.

23/4/09 9:02 p. m.  
Blogger manuel_h said...

y quién quiere ser normal normal?

24/4/09 1:48 a. m.  
Blogger ÓNIX said...

Cada quien es normal dentro de su propio grado y estado de comodidad.

Lo que para ti es sumamente normal, a mi puede resultarme incoherente. Lo que para mi entra en el plano de lka normalidad, para ti puede estar muy ajeno a ello. Entonces cada quien desde su propio criterio debe dar continuidad a las circunstancias de la vida pasando por momentos de relajación y otros de enterna concentración y trabajo...

Muy buen post como siempre, lleno de tanta reflexión Ybris...

24/4/09 3:40 a. m.  
Blogger Insanity said...

Incomún.
Un abrazo, Ybris.

24/4/09 5:06 p. m.  
Blogger irene said...

Seamos como seamos, debemos ser como somos, sin aparentar ser diferentes, y por supuesto, no dejar que intenten cambiarnos contra nuestra voluntad.
Creo que me gustan mucho las personas a las que no consideran normales, como mi hijo, y como tú.
Un fuerte abrazo.

25/4/09 6:51 a. m.  
Blogger Shandy said...

La "Norma" es un concepto arbitrario, fruto del capricho o del acuerdo y convención de algunos.
Lo que hoy es considerado como "Normal" mañana puede dejar de serlo, varía en función de los intereses de los que dirigen una comunidad e imponen unos modelos que se suponen deberíamos aceptar y seguir porque son los "normales". También la "Norma" a veces es "moda" o "costumbre" o "hábito". Por tanto las "normas" son siempre cuestionables. Pero muchos no se las cuestionan porque eso es lo "normal", lo que hay que hacer, lo que dice don fulano, los estatutos, la Santa madre iglesia, la TV o el tonto de turno. Asociar la "Norma" con lo que está bien es estúpido. La palabra "Anormal", suele ser mal entendida, pero a mi me gusta: estar fuera de la "Norma", a veces es muy útil y muy bueno para la salud mental.
Y en mi vida particular, yo establezco las mías: trabajo para poder mantener mi parcela de libertad, no toda la que quisiera. Pero no cambio tiempo libre por dinero. Es más, lo que más me gusta lo hago sin ganar un euro, y podría ganarlo, pero perdería libertad. Me sometería a unas normas y a unos horarios. Soy Anormal!

Ybris, besos sin normas.

25/4/09 11:17 a. m.  
Blogger Gárgola said...

Siguiendo el hilo de tu pensamiento, hay otros conceptos matemáticos completamente manipulables y frecuentemente utilizado en pos de una idea que se quiere imponer como irrefutable y verdadera (significación estadística, muestra representativa, etc). Y los mortales que somos, abrumados por la magia del número, somos embaucados por una información u opinión sesgada.
La ‘ciencia’, la que sea, no es neutra. Detrás de lo que se estudia y principalmente de lo que no se estudia, está la ideología de quién investiga, de la institución a que pertenece y de quién la financia. Las personas científicas, que frecuentemente son consideradas el paradigma de la sabiduría y de los avances, muchas veces son movidas por intereses espurios y inconfesables. La manera como se ‘viste’ de normal algunos hechos o resultados depende, en gran medida, de la habilidad de convencer y de encontrar el análisis que sirva para encauzar la multiplicidad de la realidad, debajo de la campana de Gauss.

El sábado es el día en que puedo recrearme con y pasear con tiempo por el Vacio. Como siempre Ybris, ¡un placer leerte!

besos

25/4/09 12:56 p. m.  
Blogger libertad said...

Mucha veces he pensado sobre ese concepto de normalidad que tú desarrollas aquí, desde diferentes perspectivas. Muchas.
...pero me quedo con tu último párrafo: yo establezco mi tiempo libre y luego gana para mantenerlo.
Ay qué inteligente has sido siempre!
Besos

25/4/09 4:11 p. m.  
Blogger siempreconhistorias said...

Pues sí señor, también yo estoy hartita de ese concepto de normalidad que se hace sinónimo de naturalidad y quedamos como excéntricos.
Ojalá me hubiera fijado antes el tiempo libre.
Abrazo admirado.

25/4/09 10:50 p. m.  
Blogger Antón Abad said...

¡Bendita anormalidad la suya amigo Ybris!, y que conste que no atinaría a ubicarle e la campana de Gauss; ¡pero cómo suena!

28/4/09 12:04 p. m.  

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