16.9.09

De películas y niños


Por extraños motivos, que agradezco profundamente a quien bien se lo merece por hacerlo posible, llegó a mis manos no hace mucho la película “El Principito”, de Stanley Donen, a la que me había ya asomado hace unos días en un fragmento disperso entre las palabras siempre bellas de una página habitualmente frecuentada por mi curiosidad y por mi afecto.
Me dispuse a verla un poco por encima como aprovechando los momentos de juego de mis nietas, aparentemente distraídas con su imaginación y sus eternas discusiones.
No había apenas comenzado a ponerla cuando noté que la mayor (cuatro años) se sentaba cerca de mí en cuanto vio el dibujo de la boa enroscada voraz sobre su presa que había de tragarse entera y comprendió los dibujos uno y dos del narrador mientras yo le aclaraba que la canción que cantaban los mayores decía: “It’s a hat”, es un sombrero. (Una pena la falta de subtítulos a las canciones).
No tardaron en presentarse un aluvión de porqués sobre los aviones del aviador, el motivo de la avería, el atuendo del Principito, la oveja oculta en la caja con agujeros, los baobabs y volcanes y la rosa del minúsculo planeta del niño solitario, el pozo en el desierto… Las primeras lágrimas del extraño personaje la impulsaron a arrimarse mucho a mi lado mientras que la aparición de la serpiente provocó un espontáneo apretón de sus manos contra mi brazo. Noté que sus preguntas eran cada vez más temblorosas después de haber comprendido los efectos de la domesticación que explica el zorro con su acercamiento, “closer, closer”, gradual hasta acabar en contacto, “touch”, y observar el abrazo de despedida final entre los dos.
Las tristísimas escenas finales fueron estrechas para tanta pregunta como surgía de su pequeña boca y su enorme curiosidad, claramente distribuidas entre el miedo al silencio que reviste la tristeza y el deseo de comprender lo incomprensible. “¿Por qué se va?”, “¿qué le pasa”, “¿por qué no se queda con el aviador?”, “¿por qué quiere volver a su planeta?”.
Al final decidí tender un manto de olvido sobre lo visto mediante el consabido truco de volver a lo habitual como si tal cosa, consciente de que hay temas que no son para niños y que deben hacerse un hueco aplazando su respuesta hasta que la mente infantil pueda asimilarlo en la medida de lo asimilable. Únicamente le pregunté si le había parecido triste. Ella me respondió que le había dado miedo. No volvió a decir nada y siguió como si tal cosa sacando juguetes y pidiendo amparo de vez en cuando ante los desmanes de su hermana de un año que, a su vez gritaba todo lo posible ante cualquier intromisión en sus caprichos.
Me sorprendió que, sin previo aviso, apenas se presentó la ocasión al día siguiente, me dijera con tanta insistencia como sinceridad que le pusiera otra vez la película. Me resistí en principio, pero luego comprendí que, a pesar de todos los razonamientos de los mayores, los niños -como a todos sin duda nos ha sucedido- son seres desvalidos enfrentados a todos sus soledades, sus curiosidades y sus miedos con el agravante de creer que los mayores saben todas las respuestas y les ocultan algo siempre que apelan a un futuro más de convivencia con el problema que de su solución.
Seguramente ese es el más sólido cimiento del aprendizaje: querer saber algo después de que la curiosidad ha hecho un espacio personal propicio a ser llenado. Me pidió que le dejara sitio a mi lado y esta vez fue ella la que iba comentando lo que ya le parecía obvio: que los mayores no saben ver más que un sombrero donde el niño ha querido dibujar un elefante dentro de una boa., que no es extraña la sorpresa del aviador cuando un niño le pide que le dibuje una oveja en mitad de un desierto y que, naturalmente, una rosa en un planeta tan pequeño es una excelente sorpresa.
Las preguntas se fueron centrando en la relación del Principito con la rosa y en el motivo por el que aquel quiere dejarla sola en su planeta para aprender cosas. No pareció interesarse demasiado por ahondar en mis comentarios a los cuatro personajes que la película presenta, adaptándolos del libro, en los planetas que recorre en su viaje y que yo simplemente resumía en breves frases: el rey quiere controlar quién entra y sale de sus tierras; el militar prepara un ejército para buscar luego enemigos; el contable quiere sólo contar sus riquezas y el historiador -que no geógrafo aquí- busca nada más los libros sin importarle que sea verdad lo que dicen.
Esta vez parecía ser para ella relevante el cariño a la rosa que se hace ya tan única como el zorro domesticado, el sistema de la serpiente para hacer que el Principito vuelva a su planeta y la razón por la que al final parece que se muere y ya no se sabe si para el aviador todo es fantasía o sucedió de verdad.
Salí de todo ello como pude insistiendo en que cuando alguien quiere a otro, su recuerdo es importante y que no importa que la rosa esté lejos para que al niño le preocupe que una oveja se la pueda comer a pesar de sus espinas o que, después de ser amigo del zorro, haya cosas que luego le recuerden al amigo o que, cuando ya el Principito se ha ido, le alegre oír su risa al mirar a las estrellas.
Dos días más insistió en que quería ver otra vez la película y dos días más noté que se iban afianzando en ella ciertas verdades sobre el cariño y un solo miedo o tristeza a las despedidas y a la muerte. No es fácil a un mayor hablar a un niño pequeño sobre la muerte cuando ya se sabe por propia experiencia que ese es un trago amargo que la vida impone sin pedir permiso y que no hay mayor temor para quien se siente desvalido que el pensar en perder lo que más ama. Durante las dos últimas sesiones noté como el tema se quedaba aparcado entre lo que es mejor dejar para otro momento. De momento pareció conformarse con mi resumen sin más honduras: el cariño hacia la rosa, el color que siempre ya le recordará al zorro y la risa cordial de las estrellas.
Afortunadamente anteayer empezaron las clases y no hubo tiempo ya para otra sesión que sé de antemano que habrá de repetirse con muchas menos preguntas y bastante menos respuestas. Le prometí que le regalaría el libro que tengo ya descolorido por el uso y que si lo leía de mayor muchas veces le gustaría cada vez más. Ella pareció creerme.
Mientras tanto uno descubre que no hay mejor modo de aprender que intentar explicar lo que se sabe y se siente.
Sobre todo cuando se hace a un niño que lo único que quiere es aprender.

27 Comments:

Blogger virgi said...

Preciosa historia, Ybris. Las ondas que provoca El Principito vuelven a la orilla donde lo leímos.
Me has emocionado hondamente en esta madrugada silenciosa. Gracias por compartir algo tan hermoso.

16/9/09 7:04 a. m.  
Blogger Athena said...

Pues, no hay de qué.

Besicos.

16/9/09 7:25 a. m.  
Blogger Margot said...

Recuerdo mi relación con el El Principito y mis sobrinos, sus preguntas acerca del libro fueron creciendo a medida que ellos y poniéndome cada vez en más bretes... jeje.

Siempre fui partidaria de dar a los niños las respuestas que te requieren, no más de las necesarias pero tampoco con cicatería cuando ahondan. Que ellos marquen la pauta.

Me alegra descubrir que nuestras estretagias coinciden. No podía ser de otra forma... jeje.

Besos sombrero-con-boa!

16/9/09 9:52 a. m.  
Blogger impersonem said...

Entrañable descripción, me ha encantado esta escena familiar. Y ciero es lo que dices ybris, no hay mejor forma de aprender que esa...creo que la curiosidad de los niños nos ayuda a aprender o, cuando menos, a recordar.

Abrazos.

16/9/09 10:16 a. m.  
Blogger Arantza G. said...

Realmente creía estar leyendo un cuento.
Precioso por cierto.
Me voy emocionada.
Un beso.

16/9/09 10:41 a. m.  
Blogger raindrop said...

Este libro es muy especial para mí.

La experiencia que relatas es encantadora y las conclusiones que has extraido de ella ciertamente geniales.
¡qué maravilla de post! :D

un fuerte abrazo

16/9/09 11:25 a. m.  
Blogger Intro said...

Ybris

Creo que eres un abuelo dichoso
que disfrutas a tus nietos/as

que tanto tus hijos
como los nietos/as deben ser
tan brillantes como tú

preguntones...

¿y por qué?
(la famosa pregunta)


te deseo tiempo,
paciencia
y dulzura
para que goces a tu familia,
entre libros y películas,
e historias propias
-que deben ser muchas, y sabias-.


Por cierto
me has inspirado
creo que hoy sería
un buen día
para regalarle a mi hija
"El Principito".


Un beso.

16/9/09 3:08 p. m.  
Blogger mangeles said...

Precioso relato Ybris. Y mira, yo creo que los niños son capaces de entender todo lo que se les explique. Son capaces de aprender como esponjas. Incluso creo, que a tú nieta, la película la gustará siempre, te pedirá mil veces que se la pongas (un niño tan pequeño no se cansa de lo que le gusta, y acaban aprendiendose las pelis de memoria hasta que llega otra que desplaza la anterior).

Un niño busca en un adulto, más que respuestas, seguridad...Como está a tú lado y se siente segura...puede ver la peli y puede experimentar toda clase de sensaciones sin que se sienta desamparada...y el miedo...es un sentimiento muy estimulante...y el asco...y el desconcierto...

SEguro que está sintiendo montones de sensaciones que no podría sentir (porque lloraría o se iría), sin previamente sentirse segura...porque su abuelo la protege.

Un beso, amigo.

16/9/09 3:22 p. m.  
Anonymous Arya said...

Nunca lei el Principito, cosas de una ilustracion que nunca me agrado.. Hoy luego de tan dulce historia.. pienso en una pequeña con la que podria compartir la aventura.

Saludos Caballero y cariños a las nietas : )

16/9/09 5:56 p. m.  
Blogger Jin said...

me ha gustado mucho el relato de tus vivencias con tus nietas alrededor de ese Principito sabio que nunca dejaremos de escuchar y de querer. creo que tus nietas tienen una gran suerte con tenerte!

sin embargo, entrando en la página que mencionas, me he quedado absolutamente defraudada por ese Principito de pacotilla, demasiado rubito y demasisdo necio. creo que de un libro así nunca se debería intentar hacer una película. se lo han cargado (pero no es más que mi humilde opinión)

16/9/09 6:42 p. m.  
Blogger Isa SB said...

Tantos y tantos por qué se apelotonan en las cabezas de los niños y salen disparadas con tanta avidez que es difícil a veces saber contestar con las palabras más adecuadas.
Un abrazo.

16/9/09 10:48 p. m.  
Blogger KUBAN said...

"¿Por que la tierra es mi casa?
¿Por qué la noche es oscura?
¿Por qué la luna es balncura
que engorda como adelgaza?

Silvio Rodríguez.

Los niños nunca terminan de preguntar. Gracias por este blog. Volveré.

16/9/09 11:38 p. m.  
Blogger Cecy said...

Me ha encantado leer e imaginar la escena con tu nieta.
Y me has dejado pasear por mi experiencia con "El Principito", libro que tengo desde pequeña y aún hoy, cuando lo vuelvo a leer, me parece que es la primera.

Un gran abrazo, Ybris.

17/9/09 12:34 a. m.  
Blogger Fortunata said...

La escena del abuelo con sus nietas es muy entrañable y en medio la historia del pricipito... me gustó eso que pones del lo desvalidos de los niños..

Un abrazo

17/9/09 12:56 a. m.  
Blogger Enrique Sabaté said...

Amigo mío, cuando te decimos que eres un sabio sólo hacemos patente una verdad.

salud.

17/9/09 2:11 a. m.  
Blogger koffee said...

Y con ellos redescubres la vida y la pasión por aprender. Contrariamente a lo que muchos creen acerca de que convertirse en abuelos abre una etapa de senectud, deduzco que los nietos rejuvenecen, y mucho más que la DHEA!.
Un beso.

17/9/09 11:02 a. m.  
Blogger Intro said...

Ybris

estuve buscando en tu blog, para enlistarme en "tus seguidores", y no lo ví, trataré de seguirte desde la administración de mi blog, allí te enlazo como seguidora de tu vacío.


:)


Un beso.

17/9/09 11:52 a. m.  
Blogger Catalina Zentner said...

Alimentar la fantasía de un niño, despertar sus inquietudes, eso se está perdiendo en la banalidad de películas y series desechables.

El principito sigue siendo un aliciente irreemplazable.

Abrazos,

17/9/09 1:03 p. m.  
Blogger KUBAN said...

Hay muchas formas de hacer poesía. Escribir cosas bellas e interesantes también lo es. Gracias por tu visita. Un abrazo.

17/9/09 1:12 p. m.  
Anonymous Isabel said...

La curiosidad, gran síntoma de inteligencia. El Principito es un gran escrito para despertarla por la vida. Besos.

17/9/09 8:25 p. m.  
Blogger marisa said...

La curiosidad de los niños es tan maravillosa...Luego la vida la convierte en impertinencia y se pierde la frescura de preguntar , sencillamente, Por qué?
Me ha emocionado mucho y tengo que reconocer que adoro las preguntas de mis niños, ahora más...Besos

17/9/09 8:36 p. m.  
Blogger ZenyZero said...

Qué historia más bonita has contado, y qué bien. Es un episodio, un trance, en la vida de cualquier niño, atrapado en tus párrafos. Lo has escrito con un gran virtuosismo. Permíteme decirlo.

El otro día me expresaba yo en otro blog (Antonio Castellón) a colación de unos párrafos de Hermann Hesse sobre la vida de San Francisco de Asís en su niñez, con una narrativa excepcional, y decía que "a mí me gustaría ser capaz de entrar en la mente de un niño (con tal sensibilidad) y poder transcribir sus sueños... No debería significar la madurez la pérdida de esos recuerdos tan limpios, desposeídos de toda la lacra con la que laceramos la visión de lo que fuimos". Lo que también vale para los párrafos que escribes sobre tu queridísima nieta.
Por otro lado, como yo digo, un diálogo inteligente.

Gracias por tu historia.
Un abrazo
Chuff!!

17/9/09 10:52 p. m.  
Blogger gaia07 said...

Hay tanta belleza en esa pugna interior de sus intereses. Puede ser cierto que los genes lleven inscritas muchas de las maneras y deseos que experimentarán, pero hay tanto espacio en blanco mientras maduran, que es posible introducir cambios muy significativos en su manera de percibir el mundo y a los demás. Cuando se crece en un ambiente tan propicio para llenar ese espacio con sabiduría, se es una privilegiada.

Un beso.

18/9/09 8:50 a. m.  
Anonymous laMima said...

No sabía que había una película acerca del libro (mi ejemplar también está sobadito, subrayado. Voy a repasar que fue lo que me llamó la atención a mí en aquel tiempo.).
Que bonito recorrer con tu nieta el camino del aprendizaje desde la curiosidad, me llama la atención el cambio de interés de una cosa a otra.
Sé que Daniel lo leyó hace poco pero no le he preguntado que le llamó más la atención (a parte de la sorpresa que se llevó al enseñárselo después de que su profesora les hablara de él. Lo llevó orgulloso a clase al día siguiente: tan rotico que está).
Me encantaría verla con Ainhoa también. Ellos tienen otros ojos.
Besos.
PD "La muerte es un trago amargo que la vida impone sin pedir permiso". Que bello. Que cierto.

18/9/09 1:39 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Tierno relato, Ybris.
Cariños.
In

18/9/09 3:06 p. m.  
Blogger July said...

Estoy conmovido y fascinado. Y la verdad es que tengo un nudo en el estomago.

Un abrazo amigo.

18/9/09 5:57 p. m.  
Blogger irene said...

¡Qué bonito, Ybris!, estoy deseando tener algún nietecito, ahora debo conformarme con mi sobrino-nieto Mateo, y esperar a que empiece a hacer preguntas.
Todo es maravilloso y diferente viéndolo a través de los ojos infantiles. Cuántas preguntas, cuánta curiosidad, qué mundo el de ellos tan pequeño y tan grande a la vez.
Disfruta de tus niñas, muchos besos para ti y para ellas.

22/9/09 1:39 p. m.  

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